Lo más novedoso no siempre es lo mejor

En algún momento me preguntaba qué sería de los vestigios de la antigüedad si no se hubiera usado técnicas tan resistentes como los grabados en piedra. Hace poco intentaba acceder a unos documentos en un CD de datos, pero finalmente el disco tuvo un daño en alguna sección y quedó inservible… Me resultaba algo cómico hacer la relación entre la forma de preservar la información por parte de los antiguos y los vulnerables sistemas actuales para el mismo fin. Sé que la comparación es desproporcionada, los contextos son muy diferentes, pero creo que pocas personas pueden afirmar que la tecnología es ciento por ciento confiable.

Lo que no es desproporcionado es afirmar que, antiguamente, todo se fabricaba con una intención genuina de durabilidad, mientras que actualmente la producción de “cosas” se basa en la obsolescencia programada (un concepto que, paradójicamente, no va a ser obsoleto hacia el futuro). En este punto de la “evolución”, la mayoría de productos están proyectados a una constante política de recambio.

Puede resultar fácil toda esta reflexión, por simplemente criticar a este sistema en el que vivimos, un sistema que, a pesar de ofrecernos tantas herramientas para facilitar nuestra cotidianidad, nos aleja poco a poco de las habilidades mentales y físicas que alguna vez tuvimos los humanos, y que se fueron delegando a máquinas y dispositivos digitales.

Finalmente, esa es la evolución, porque los cambios son inevitables, y aunque se pierdan destrezas milenarias, se ganan otras nuevas, indispensables para vivir el presente y el futuro. Aunque se afirme que la tecnología nunca es perfecta por completo, se podría reorganizar la idea y decir que nosotros somos los imperfectos, por el hecho de pretender que los avances e innovaciones nos solucione todo haciendo uno o dos clics, alejándonos cada vez más de las precauciones que debemos tener en este contexto tecnológico.

En cuanto a la música, como una de las artes que evolucionó de una forma exponencial con la incorporación de avances e innovaciones tecnológicas, es factible que se pretenda también la automatización de procesos y la creación respaldada por uso del “copy & paste”. No se debe criticar el empleo de todo tipo de recursos tecnológicos para la creación de una obra artística, ya que el resultado final revelará el valor por sí mismo. En el siglo XVIII la música estaba aún muy delimitada, pero hoy, en pleno 2023, ese límite sobrepasó el horizonte, y de tanta extensión en su variedad, se ha llegado incluso a perder el asombro frente a nuevas creaciones.

Personalmente, respaldo el uso y la exploración de todo tipo de tecnología para la construcción de una obra. Simplemente, las máquinas hacen su trabajo al seguir las indicaciones de quien posee la creatividad. Lo que sí marca una diferencia frente a la utilización de la tecnología, es la práctica de un instrumento musical; teniendo en cuenta que, aunque puede existir una amplia y diversa cantidad de ayudas, ninguna de ellas llegará a mover los dedos y los brazos por nosotros. Tocar un instrumento musical en pleno siglo XXI sigue generando ampollas, dolores, cansancio, y un grado aún mayor de sacrificio si el objetivo es ser virtuoso, igual a la vieja usanza de siglos pasados. Indiscutiblemente, una parte de la magia de la música está en ver cómo un ser humano hace cosas increíbles en un instrumento, en frente de nosotros.

Imagen: @RGY23



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