¿Parece que se terminó la ruta creativa?

La creación musical es un proceso que puede generarse de forma espontánea o también, puede ser planeado, y aunque se realice a través de cualquiera de esas dos opciones, siempre se desarrolla bajo una disposición mental que pretende concentración o inspiración, con la finalidad de producir ideas rudimentarias que posteriormente se empezarán a pulir. En el arte las ideas creativas tienen varias fuentes, y estas pueden ser internas o externas al artista. Algunas de esas fuentes creativas pueden ser: las experiencias personales, la naturaleza, la cultura y la sociedad, las obras de otros artistas y, la imaginación para la creación de ideas abstractas.

Como en muchos otros aspectos de la vida, es mejor tener un plan a seguir para realizar un proyecto, o simplemente para conservar un enfoque que permita eficiencia en una labor. Ese mismo pensamiento podría aplicarse a la creación musical. Pero, aunque ese ejercicio se haga siguiendo los pasos que la teoría sugiere y además se tenga una ruta trazada, no se puede descartar un cambio de rumbo respecto a la intención inicial. Estos cambios de dirección no se deben tomar como algo negativo, ya que, si se producen, es porque proponen posibilidades espontáneas más atractivas que las planeadas con anticipación, aportando valor y originalidad a la obra musical.

Nuestro sistema de pensamiento funciona de una forma a veces poco predecible y, sin avisar, nos sorprende con una idea brillante, seductora y probablemente arriesgada; o así mismo, nos sorprende con la ausencia de ideas satisfactorias, distracciones o vacíos, que se asemejan al punto en que termina una carretera en medio del recorrido de nuestro paisaje creativo.

La teoría musical y las técnicas de composición se han venido exponiendo, justificando y perfeccionando durante siglos, para poder proveer de recursos creativos y estéticos el ejercicio de producir música, evitando así tener que depender únicamente de la inspiración, ya que como sabemos, esta puede estar muy condicionada por factores internos o externos al artista.

Hay que aprovechar los momentos de “iluminación” y, si se combinan con técnicas académicas de composición, puede resultar fácilmente una excelente obra a partir de una idea básica buena. Sin embargo, esos momentos de iluminación le pueden llegar a músicos académicos, así como a músicos empíricos o autodidactas. Esto respalda la tendencia a que los músicos que no dominan la teoría formal de la música, desarrollen sus propios métodos, informales pero efectivos, y ante todo, enfocados a obtener un flujo de trabajo que permita estimular la mente creativa.

La palabra improvisación puede tener un doble sentido, porque en muchas situaciones cotidianas refleja la falta de planificación, o de preparación, que puede llevar a resultados insatisfactorios o impredecibles en situaciones que justamente requieren precisión o puntualidad. Pero es muy gratificante cuando por medio de la improvisación se generan buenas ideas para remediar problemas que no dan tiempo de planear una solución. Durante la composición musical, o la interpretación de un instrumento, el ejercicio de improvisar constituye una excelente herramienta creativa, ya que a través de esa exploración se genera una actividad mental que conduce a la obtención de ideas valiosas, ideas que ayudan a superar los obstáculos durante el recorrido de la ruta creativa.

Imagen: @00luvicecream



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