Desde las dos últimas revoluciones industriales se ha hecho muy evidente que, lo que se consideraba consolidado, cada vez es más relativo; los avances en la investigación y desarrollo, y los cambios en los procesos sociales y económicos, nos han mostrado que empresas que décadas atrás dominaban mercados, sufrieron un descenso vertiginoso en su modelo de negocio. En el caso de la industria de la música, particularmente en el de los sellos discográficos, ha sido evidente su necesidad de adaptación para afrontar lo que quizá no veían venir mientras estaban en su auge en las décadas de 1970 y 1980: la autonomía que podrían tener los artistas para producir su música con calidad y distribuirla de forma independiente.
Si bien desde la década de 1990 se podía recurrir a la compra de novedosas herramientas de grabación diseñadas para estudios personales, no era algo popular debido a los costos, o a la limitación en el conocimiento para producir grabaciones de buena calidad. En cambio, durante la primera década de este siglo XXI, sí que hubo un revolcón en cuanto a los sistemas de grabación, al masificarse la producción de computadores personales cada vez con características más potentes. Además, en cuanto al software, los programas para grabación y edición de audio crecieron en todos los aspectos. Pero creo que el principal fenómeno en ese momento, fue la facilidad con la que se podía conseguir una copia de los mejores programas de grabación. Igualmente, crecían en cantidad y calidad páginas web y foros en internet, con información constante para capacitarse en el uso de las herramientas y los procesos de grabación, que promoverían proyectos independientes cada vez más ambiciosos.
Toda esta apertura tecnológica para realizar grabaciones de manera independiente, se concibió desde el inicio como alternativas para que los músicos pudieran hacer sus maquetas, facilitar la composición, mejorar su técnica instrumental, o experimentar libremente. Era claro que un estudio casero no era la opción para “saltar al estrellato”, pero sí la forma de obtener una calidad óptima para mostrar a los empresarios de la música, las canciones que podrían convertirse en futuros éxitos comerciales.
Comparar un estudio casero con uno profesional, es como comparar la experiencia de ver cine en una alcoba, dotada con sistemas de audio y video de alta resolución, frente a la experiencia de ver una película en una sala de cine, que está diseñada desde el piso hasta el techo con una infraestructura específica, y poco económica. Este tipo de sitios, además de tener que cumplir con estándares que garanticen la mejor calidad para los espectadores, deben contar con una administración para la gestión de asuntos comerciales. La comparación anterior resulta interesante, ya que actualmente muchas salas de cine no están teniendo la misma asistencia de público que tenían años atrás, en cambio, las nuevas tecnologías en televisores, proyectores, sistemas de sonido para el hogar y plataformas de video, están haciendo más atractiva la experiencia de disfrutar del cine en casa.
Grabar una canción en un estudio profesional es costoso, y aunque se usen equipos de alta gama para las capturas de audio, y se cuente con el apoyo de expertos en la edición y mezcla, siempre se depende del talento musical para que sea sorprendente el resultado final. Si el músico o cantante no logra su mejor interpretación, y además está limitado por el tiempo que contrató para el servicio de grabación, probablemente el resultado no sea de la calidad esperada. En cambio, cuando se hace la inversión en equipos y se adecua un espacio en una casa para armar un estudio, se puede tener la libertad de ensayar, aprender, corregir y grabar todas las veces necesarias hasta lograr un resultado óptimo. Es cada vez más común que las capturas hechas en estudios caseros, se envíen a estudios profesionales en los que se contratan servicios de edición, mezcla y masterización, donde los expertos en esas áreas hacen verdadera magia con el audio, para entregar un producto con un sonido impactante. Sé que puede ser polémico, pero sin querer tomar una posición a favor o en contra, es innegable que los desarrollos tecnológicos han convertido a los hogares en el centro de operaciones para muchas actividades.
Pero lo que sí obligó a los sellos discográficos a replantear su actividad, fue la transformación cultural causada por las redes sociales, principalmente desde la década de 2010 hasta la actualidad. Aunque desde algunas décadas atrás, se venían consolidando muchos sellos discográficos independientes que trabajaban con la música de artistas emergentes o sonidos no comerciales, con la evolución de los estudios caseros y las posibilidades de difusión en internet, se derribaron los límites para la grabación, distribución e incluso el manejo de regalías de las producciones musicales.
El término “estudio de grabación casero” no debe subestimar la complejidad de lo que puede hacerse allí, simplemente por el hecho de relacionarlo con la “comodidad del hogar”. En primer lugar, porque es necesario una inversión económica en equipos y adecuaciones del espacio y, en segundo lugar, porque lograr aprender y poner en práctica los conceptos, técnicas y procedimientos para usar los equipos de grabación, requiere aprendizaje continuo y múltiples experiencias para obtener un sonido con estándares de calidad. Por esta razón, los estudios caseros son un detonante para el aprendizaje, la creatividad, el crecimiento musical y la expansión de las posibilidades artísticas. Incluso son un punto de partida para realizar negocios alrededor de la producción musical.
imagen: @StockSnap
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